FECHA: miercoles, 10 de octubre 2012 de 17.00 h. a 21.00 h
DIRECCIÓN: C/ Ribarroja, entre el numero 4 y 6 local bajo - Valencia
PREGUNTAS PARA TRABAJAR ESPIRITUALMENTE:
1ª ¿Qué crees que es para ti invadir el libre albedrío de los demás? ¿Y en qué
situaciones crees que se puede invadir?
2ª ¿Sueles invadir el libre albedrío de los demás siendo consciente para conseguir cualquier propósito? ¿Lo has podido hacer alguna vez inconscientemente? Piensa en tus relaciones más cercanas.
3ª Crees que al invadir el libre albedrío de los de más, has podido llegar a sentir reclamar lo que has hecho por los ellos?
4ª ¿Has invadido el libre albedrío de los demás justificando que lo haces porque lo quieres o situaciones similares?
5ª ¿Has permitido que los demás invadan tu libre albedrío? Si lo has hecho ¿Porqué lo has hecho?
6ª ¿Quién crees que es más culpable en una situación de invasión del libre albedrío, quien lo consiente que lo invadan o quien lo provoca?
7ª ¿Qué diferencias crees que hay entre el Amor y la complacencia?
REFLEXIÓN DE RAUL ESQUIVEL
Invadir el libre albedrío de los demás es someter la voluntad del otro a nivel emocional y físico a la mía. Hay distintos niveles de mayor a menor grado. Si empezamos desde un mayor grado, todo lo que se someta a una agresión física, violación, coaccionar, extorsionar, secuestrar. Otros que pueden estar más cerca en la cotidianidad del día a día: chantaje emocional, mentir haciendo creer que se está actuando de forma incondicional cuando se está ocultando una verdad para recibir algo a cambio.
Pisar la dignidad de alguien, faltar al respeto, gritar a la otra persona para imponer nuestra razón. No dejar que se expresen las personas que se relacionan con nosotros, cuando impedimos que actúen porque creemos que lo que nosotros decimos o hacemos es lo más correcto, creer que siempre tenemos la razón por encima de todos y la imponemos o lo que es peor hacer creer que no la imponemos y por la espalda la clavamos. Aquellas frases que se suelen decir: ¡Esto es porque yo lo digo y punto! ¡Esto se hace porque a mí me da la gana y ya está!
Aun teniendo razón en cualquier situación, lo normal es hablarlo para llegar a un entendimiento por ambas partes, un razonamiento lógico. Pero aun teniendo razón si la otra parte no entra en razón porque lo que vemos es que está actuando su ego y no quiere dar su brazo a torcer aun sabiendo que está dañando, lo mejor es actuar según sintamos, viendo también que hemos gastado todas las posibilidades de unión y comunicación, pues entonces actuamos ya sabiéndolo la otra parte desde lo que creemos y sentimos desde nuestra conciencia libre. Esto no sería llevándolo a un caso así, invadir el libre albedrío de alguien desde una acción.
Aquél que reclama lo que dio, hizo, ayudó… evidentemente será la persona menos avanzada, estará intentando dar desde su vanidad y aquél que está en la vanidad no sabe dar porque da con dificultad, está pendiente de que le den más que de darse al prójimo. Si nos encontramos en una situación así o similar dentro de un conflicto y se nos pasa por la cabeza: ¡Con todo lo que yo he hecho por él…! Frenemos ese pensamiento, porque si lo pensamos es porque lo sentimos y algo tendremos que trabajar. Seamos honestos con nosotros mismos aceptando que sentimos, que no dimos incondicionalmente, si lo aceptamos avanzaremos si no, no avanzaremos. Ser inteligentes, pues para aprovechar esta oportunidad que nos da la vida para avanzar, porque lo que no avancemos en esta, nos lo llevaremos para la siguiente.
No es culpable el que invade el libre albedrío o el que lo consiente, cada uno tendrá que ver que grado de invasión y de consentimiento del libre albedrío para liberarse si quiere, de esa culpabilidad. El que invadió, tendrá que liberarse de la culpa de haber causado daño a aquél que invadió perdonándose así mismo reconociendo que actuó mal. Y aquél que consintió tendrá que entrar en el mismo reconocimiento, perdonarse aquello que consintió sin ser fiel a sus sentimientos.
2ª ¿Sueles invadir el libre albedrío de los demás siendo consciente para conseguir cualquier propósito? ¿Lo has podido hacer alguna vez inconscientemente? Piensa en tus relaciones más cercanas.
3ª Crees que al invadir el libre albedrío de los de más, has podido llegar a sentir reclamar lo que has hecho por los ellos?
4ª ¿Has invadido el libre albedrío de los demás justificando que lo haces porque lo quieres o situaciones similares?
5ª ¿Has permitido que los demás invadan tu libre albedrío? Si lo has hecho ¿Porqué lo has hecho?
6ª ¿Quién crees que es más culpable en una situación de invasión del libre albedrío, quien lo consiente que lo invadan o quien lo provoca?
7ª ¿Qué diferencias crees que hay entre el Amor y la complacencia?
REFLEXIÓN DE RAUL ESQUIVEL
Invadir el libre albedrío de los demás es someter la voluntad del otro a nivel emocional y físico a la mía. Hay distintos niveles de mayor a menor grado. Si empezamos desde un mayor grado, todo lo que se someta a una agresión física, violación, coaccionar, extorsionar, secuestrar. Otros que pueden estar más cerca en la cotidianidad del día a día: chantaje emocional, mentir haciendo creer que se está actuando de forma incondicional cuando se está ocultando una verdad para recibir algo a cambio.
Pisar la dignidad de alguien, faltar al respeto, gritar a la otra persona para imponer nuestra razón. No dejar que se expresen las personas que se relacionan con nosotros, cuando impedimos que actúen porque creemos que lo que nosotros decimos o hacemos es lo más correcto, creer que siempre tenemos la razón por encima de todos y la imponemos o lo que es peor hacer creer que no la imponemos y por la espalda la clavamos. Aquellas frases que se suelen decir: ¡Esto es porque yo lo digo y punto! ¡Esto se hace porque a mí me da la gana y ya está!
Aun teniendo razón en cualquier situación, lo normal es hablarlo para llegar a un entendimiento por ambas partes, un razonamiento lógico. Pero aun teniendo razón si la otra parte no entra en razón porque lo que vemos es que está actuando su ego y no quiere dar su brazo a torcer aun sabiendo que está dañando, lo mejor es actuar según sintamos, viendo también que hemos gastado todas las posibilidades de unión y comunicación, pues entonces actuamos ya sabiéndolo la otra parte desde lo que creemos y sentimos desde nuestra conciencia libre. Esto no sería llevándolo a un caso así, invadir el libre albedrío de alguien desde una acción.
Cuando en una relación se da un
conflicto, si hay el suficiente Amor, nunca se tiende a juzgar, en todo caso a
aclarar para unir. Pero a lo mejor si ese conflicto se da y no hay suficiente
Amor por alguna de las partes o las dos partes podemos dejarnos llevar por
decir lo que uno hizo en su tiempo por el otro o le dio materialmente. Si esto
se da, aquél que dio, facilitó o ayudó lo echa en cara o inclusive le reclama
lo que le dio o hizo por él, no actuó nunca con la otra persona de forma
incondicional. Al dar seguro que tuvo algún interés de recibir, sentirse por
encima de la otra persona o hacerlo para que los demás lo vean y ganar
popularidad por parte de los demás.
Aquél que reclama lo que dio, hizo, ayudó… evidentemente será la persona menos avanzada, estará intentando dar desde su vanidad y aquél que está en la vanidad no sabe dar porque da con dificultad, está pendiente de que le den más que de darse al prójimo. Si nos encontramos en una situación así o similar dentro de un conflicto y se nos pasa por la cabeza: ¡Con todo lo que yo he hecho por él…! Frenemos ese pensamiento, porque si lo pensamos es porque lo sentimos y algo tendremos que trabajar. Seamos honestos con nosotros mismos aceptando que sentimos, que no dimos incondicionalmente, si lo aceptamos avanzaremos si no, no avanzaremos. Ser inteligentes, pues para aprovechar esta oportunidad que nos da la vida para avanzar, porque lo que no avancemos en esta, nos lo llevaremos para la siguiente.
Cuando se permite que nos invadan
el libre albedrío es porque consentimos por miedo a enfrentar una realidad. Permitimos
que el otro, siendo consciente impere su voluntad sobre la nuestra. Vamos
tragando situaciones que no sentimos, situaciones que nos hacen daño, situaciones
que nos alejan de lo que somos, que nos apartan de nuestra felicidad, pero por
miedo anulamos nuestro sentimiento. Vendemos nuestra voluntad a aquél que nos
la está invadiendo, prostituimos nuestros sentimientos, lo que es, una
prostitución consentida emocional. Miedo también a desmontar nuestros intereses
que podemos tener alrededor donde en el fondo encontramos compensaciones
materiales que nos apartan de nuestros sentimientos reales, del motor de
nuestra vida.
No es culpable el que invade el libre albedrío o el que lo consiente, cada uno tendrá que ver que grado de invasión y de consentimiento del libre albedrío para liberarse si quiere, de esa culpabilidad. El que invadió, tendrá que liberarse de la culpa de haber causado daño a aquél que invadió perdonándose así mismo reconociendo que actuó mal. Y aquél que consintió tendrá que entrar en el mismo reconocimiento, perdonarse aquello que consintió sin ser fiel a sus sentimientos.
El complacer socialmente está muy
bien aceptado, pero espiritualmente es un atraso, es dañino, hace que no
avances. Creemos que por complacer estamos haciendo un sacrificio y el avance
espiritual no entiende de sacrificio, entiende de Voluntad de cambio, de hablar
claro con mucho Amor, a aquél que nos dañó, siendo valientes sin que pese más
la repercusión de lo que pueda pasar y piense la gente de nosotros, que lo que
sentimos en nuestro corazón. El sacrificio es anular nuestros sentimientos, no
se puede confundir con Voluntad. Si algo de lo que decidimos para hacer por los
demás o por uno mismo lo vemos que es sacrificio, más vale que no lo hagamos,
otra cosa es que sintiendo algo que quiero hacer, sabiendo que es difícil, que
me va a llevar tiempo centrándome solo en ello y lo consiga, lo que ha hecho
que lo consiga sacando sus frutos de ello es la Voluntad, es mi elección de
hacer lo que siento, que tomando esa decisión hay otras en la vida la cuales
van a pasar y no las voy a tener de momento o no las tendré… o mi opción por lo
que tengo ahora es mayor que lo que he dejado o se me ha caído de las manos por
su propio peso, como las hojas caen en otoño por su propio ciclo… pasar
libremente sabiendo que voy a tener mayor alegría por lo que quiero realizar
ahora habiendo optado libremente por ello. En el sacrificio no hay libertad, en
la Voluntad si.
Si lo que hago por el otro o por
mí creo que es un sacrificio, mi acción no es incondicional, está condicionada
a que podría estar haciendo otra cosa pero estoy haciendo otra, por el otro o por
uno mismo. Inclusive el acto del sacrificio cuando se hace algo por alguien se
puede a la larga reprochar ya que su base no es incondicional porque lo que se
hace es sin sentirse, no es lo que uno siente. Y esto del sacrificio viene de
una cultura Hebráica Judía, empezando por lo que la Biblia dice sobre Abraham.
¿Realmente Abraham sentía que tenía que sacrificar a su hijo como ofrenda a
Dios? ¿Sentía que este sacrificio era bueno? Al margen de que Dios no pide nada
a nadie y aun menos, tal aberración antihumana y antiespiritual como esta.
Abrazotes para tod@s
Paz y Bien.
Raúl
No hay comentarios:
Publicar un comentario